En Colombia, las empresas dedicadas a transformar y comercializar madera reciben diferentes nombres según la región. Aunque todas comparten el objetivo de ofrecer madera legal y sostenible para construcción, carpintería y decoración, la forma de llamarlas cambia con la cultura local.

En el departamento de Santander, ciudades como Bucaramanga, San Gil, Barichara, Barbosa y El Socorro suelen hablar de aserríos de maderas o depósitos de maderas. Estos lugares no solo cortan y procesan la madera, sino que también ofrecen productos listos para obras arquitectónicas, muebles y acabados de alta calidad.

En el altiplano cundiboyacense, en municipios como Villa de Leyva, la demanda se centra en maderas finas como cumarú y choibá, ideales para restauraciones y proyectos que respetan la arquitectura colonial. Allí, tanto “aserrío” como “maderera” son términos comunes.

En Bogotá, la región de Cundinamarca y otras grandes capitales, predomina el término maderera, asociado a empresas con mayor capacidad de distribución, variedad de especies y servicios de corte a medida.

En el Eje Cafetero y la región andina, es habitual escuchar “depósito de maderas” o “centro maderero”, mientras que en la Costa Caribe se usa “maderas y aserrío” para obras en climas cálidos y húmedos.

Independientemente del nombre, las empresas certificadas como Negocios Verdes destacan por ofrecer trazabilidad, cumplir con la normativa forestal y garantizar maderas resistentes y duraderas, convirtiéndose en aliados de arquitectos, ingenieros y constructores en todo el país.

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